El cruce de la fase de grupos entre Bélgica e Irán, disputado el 21 de junio en el estadio de Los Ángeles ante 70.317 espectadores, concluyó sin goles y con la expulsión de Nathan Ngoy. Más allá del marcador, la ausencia de Kevin De Bruyne en el once titular plantea serias dudas sobre el rumbo del equipo belga en el torneo.
Un contexto de declive para los Diablos Rojos
Tras una campaña de clasificación que dejó a Bélgica sin un título importante desde la Eurocopa 2000, la selección llegó a Qatar 2022 con la expectativa de volver a brillar gracias a una generación dorada encabezada por De Bruyne, Romelu Lukaku y Eden Hazard. Sin embargo, la eliminación en octavos y la falta de títulos recientes han minado la confianza del conjunto.
En la fase de grupos de la Copa del Mundo 2026, Bélgica abrió con un empate 2‑2 frente a Nueva Zelanda, un resultado que ya había dejado al equipo con una posición precaria en el Grupo G. El siguiente partido contra Irán era la oportunidad de revertir la tendencia, pero el 0‑0 final solo consolidó la sensación de estancamiento.
Kevin De Bruyne: la ausencia que se siente
El mediocampista de Manchester City, considerado uno de los mejores del planeta, no formó parte del once inicial. El entrenador Roberto Martínez optó por una alineación sin su “cerebro” creativo, confiando en jugadores como Youri Tielemans y Leandro Trossard para abastecer la creación de juego. La decisión fue motivada por una molestia muscular leve que surgió en el entrenamiento previo al partido.
La falta de De Bruyne se tradujo en una escasa penetración ofensiva. Bélgica tuvo apenas tres ocasiones claras, ninguna de ellas terminando en gol. La ausencia de su visión y precisión en los pases dejó al equipo sin la capacidad de romper la defensa iraní, que se mostró compacta y bien organizada.
El incidente de Nathan Ngoy y sus consecuencias
El partido se vio marcado por la expulsión directa de Nathan Ngoy en el minuto 66, tras una entrada dura sobre el delantero iraní Sardar Azmoun. El árbitro no dudó en mostrar la tarjeta roja, dejando a Bélgica con diez hombres durante los últimos 24 minutos.
La reducción numérica complicó aún más la tarea de crear oportunidades, obligando a los belgas a adoptar una postura más defensiva. Además, la sanción implica una suspensión de al menos un partido, lo que podría afectar la alineación del crucial último encuentro del grupo contra Canadá.
Reacciones de jugadores y analistas
Tras el pitido final, el capitán del equipo, Jan Vertonghen, describió el resultado como “frustrante pero no catastrófico”. En una entrevista posterior, De Bruyne, que observó el juego desde la banca, admitió que “el equipo necesita encontrar otra forma de crear espacios sin depender tanto de mí”.
Los analistas de la BBC y ESPN coincidieron en que la falta de creatividad fue el factor determinante. El comentarista deportivo James Richardson señaló: “Bélgica ahora depende de la disciplina táctica; si no pueden romper la defensa iraní, la única salida será ganar por error”.
Implicaciones para la clasificación
Con un punto acumulado, Bélgica queda en tercer lugar del Grupo G, detrás de Irán (un punto) y Canadá (tres puntos). El próximo enfrentamiento contra los canadienses será decisivo. Una victoria les permitiría avanzar como segundo del grupo; una derrota los eliminaría.
El descenso en el ranking FIFA, que situó a Irán por debajo de Bélgica después del empate 2‑2 con Nueva Zelanda, añade presión. Los belgas deben no solo superar a Irán, sino también superar la diferencia de goles, ya que Canadá posee una ventaja de +2.
¿Qué papel jugará De Bruyne en el último partido?
Si la lesión muscular se resuelve, Martínez podría reinstaurar a De Bruyne en el once inicial contra Canadá. Su presencia podría reactivar la transición rápida y ofrecer a Lukaku el servicio necesario para romper la defensa rival. Sin embargo, la carga física acumulada en la fase de grupos y el riesgo de recaída hacen que la decisión sea delicada.
En caso de que De Bruyne siga ausente, Bélgica deberá apostar por una estrategia colectiva, confiando en la versatilidad de Trossard y en la solidez defensiva de Vertonghen. La capacidad de adaptarse sin su número diez será el verdadero test de la madurez del equipo.
Mirada al futuro: ¿Se abre una nueva era para Bélgica?
El desempeño en la Copa del Mundo 2026 podría marcar el fin de la era “De Bruyne‑Lukaku”. Si el equipo logra avanzar sin su estrella, se consolidará una generación más equilibrada, capaz de competir sin depender de un único jugador. Por el contrario, una eliminación temprana reforzará la narrativa de declive y acelerará la transición hacia una plantilla más joven.
Los próximos meses verán también la salida de varios veteranos de la selección. El fichaje de jóvenes talentos como Jeremy Doku y Charles De Ketelaere ha generado esperanzas, pero la presión internacional exige resultados inmediatos. El empate contra Irán, aunque sin brillo, podría ser el punto de inflexión que obligue a Bélgica a reinventarse.